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5.2 Peligros del cultivo monocultivo

5.2 Peligros del monocultivo económico

De sobras es conocido el peligro y las consecuencias que trae la práctica conocida como monocultivo económico. Es un sistema, casi una treta, utilizado por las grandes corporaciones para hacerse con el mercado, o mejor dicho, con un sector del mercado, y de esa forma ejercer un monopolio de forma sibilina. En nuestra localidad, con la explosión de la remolacha azucarera, favorecida por la puesta en regadío de cientos de hectáreas, casi se planteó como tal ese monocultivo económico debido sobre todo a tres razones: la primera el precio ventajoso de la remolacha, su rentabilidad y la garantía de que el producto no se quedaba almacenado ni esperando su putrefacción en el campo. La Azucarera entregaba las semillas, sin costo a los agricultores y firmaba contratos con ellos, donde les garantizaba el precio de la remolacha y que sería admitida en la factoría de San José. Eran tiempos, aquellos años cuarenta y cincuenta, en que la escasez de azúcar en los mercados ofrecía rentabilidad a la industria azucarera. Como se menciona en este mismo volumen, esta expansión del cultivo de la remolacha azucarera, conlleva el retroceso de otros cultivos tradicionales en nuestra comarca hasta el punto de ser casi abrumadoramente homogéneo, el cultivo de dicho tubérculo. Con toda seguridad, la limitada capacidad de molienda de la Azucarera, en aquellos años, libró a nuestro pueblo, al resto de la comarca y posiblemente a nuestra provincia, de que la rutina de los campos sembrados única y exclusivamente de remolacha, fueran algo que ocupara el total, o casi, de nuestra superficie productiva. Gracias al arraigo de cultivos tradicionales, algunos de ellos con cientos de años, incluso varios siglos, de tradición en su cultivo lograron que la Azucarera no lograra ejercer el dominio del sector agrario en nuestra comarca ni, por supuesto en la provincia de Sevilla. Muchos de los agricultores tenían por tradición la siembra de algodón, esta planta se venía cultivando con cierta profusión desde la época árabe de nuestro municipio, al igual que el cultivo de la patata o papa, los huertos de naranjos y otras frutas formaban parte del panorama rural de la Vega. Otras plantas, independientemente de las hortalizas y las plantas forrajeras, eran habituales en nuestros campos antes del comienzo de la actividad de la Azucarera de San José. Además los cultivos hortelanos de naranjos, limoneros y frutales variados tenían gran arraigo entre los agricultores. No hay que olvidar que estábamos en una zona privilegiada por su abundancia de agua, elemento esencial para conseguir la generosidad del campo. Tal vez la ampliación de un cultivo algo menos frecuente en nuestra campiña fuera el cáñamo, si bien era una planta conocida y cultivada en nuestro país desde la antigüedad, de hecho hay testimonios que sitúan plantaciones de cáñamo en el país valenciano desde épocas ancestrales, para su uso en telares y otros menesteres. A nuestra zona llegó la plantación masiva de cáñamo con el cierre de la azucarera de San Miguel y su conversión en factoría de cuerdas de cáñamo. Era frecuente, en la década de los cincuenta y sesenta, ver tractores y otros vehículos, recorriendo la Carretera Bética, cargados de varas de la planta encaminándose hacia el Cáñamo como era conocida la factoría dedicada a obtener las fibras con la que más tarde se elaboraban las cuerdas. Además de la plantación para su utilización industrial de cáñamo, el tabaco compartía espacio de nuestros campos con naranjos, huertas, plantaciones de patatas, etc. Todavía en nuestros días podemos encontrar algún que otro secadero ya en ruinas, incluso dentro de nuestro núcleo urbano. Estas razones, y algunas más, evitaron el monocultivo de la remolacha azucarera al que, por el atractivo comercial, parecía destinado el campo de nuestro pueblo.